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Centrifugadora para ensaladas, un imprescindible en tu cocina


La clave para conseguir ensaladas perfectas reside en realizar una selección de apetecibles ingredientes frescos y variados pero también en un detalle que a veces pasamos por alto, la total ausencia de agua después del proceso de lavado al que sometemos a las hojas verdes.





Lavar las hojas de lechuga, endivias, berros, rúcula, canónigos etc es un proceso fundamental como medida de higiene, pero también como potenciador del grado de frescor de los brotes más tiernos, cogollos u hojas verdes exteriores. Pero no debemos olvidar que tan importante es lavar concienzudamente los vegetales —para eliminar tierra, pequeña 'fauna' o animalicos poco apetecibles y posibles restos de productos químicos— como preocuparnos de que después queden completamente secos para evitar esa desagradable sensación de ensalada 'aguada' que todos hemos experimentado en alguna ocasión.

Para resolver la situación y asegurarnos un resultado perfecto, una centrifugadora de ensaladas es la opción más eficaz. Funciona de un modo muy sencillo, al accionar la palanca la fuerza centrífuga ayuda a que los vegetales expulsen todo el agua del que están impregnados y quedan completamente secos y listos para ser usados.
Además con ella podrás realizar una doble tarea, ya que no solo sirve para centrifugar, también es extremadamente útil a la hora de refrescar poniendo a remojo las hojas verdes con agua fría (agregar unos cubitos de hielo es un truco infalible si necesitas 'revitalizar' hojas mustias que has encontrado por tu nevera y transformarlas en un crujiente vergel para que luzcan de maravilla cuando lleguen a la ensaladera).

De verdad, pon una centrifugadora de vegetales en tu vida, es probable que tus ensaladas nunca vuelvan a ser las mismas.





¡Espero que te resulte útil!

Más info en: kuhnrikon.com


Cocina fácil: huevos rellenos. Ideas y trucos para preparar deliciosos huevos rellenos


Es probable que en casa siempre prepares los huevos rellenos de la misma forma, con una base de mayonesa y atún y remates con la clásica lluvia de yema rallada. También es probable que  relaciones este plato a la más tierna infancia y siempre enmarcado dentro de la época más calurosa del año, el verano. Bueno, pues ya va siendo hora de que cambies el chip ¿No crees?
Para ello hoy me he propuesto darte ideas que ayudarán a que comer huevos rellenos vuelva a parecerte tan delicioso plan como cuando tenias 6 años y tu madre los llevaba en un Tupper a la playa o al campo.


[pincha en la foto para ampliar la imagen]


Hay infinitas posibilidades tanto para el relleno como para la presentación. Diferentes ingredientes para un mismo resultado, un sencillo pero delicioso bocado.

Comencemos por algo obvio pero no por ello menos importante, elegir unos huevos frescos y de calidad. Si son de 'gallinas felices' por supuesto mejor que mejor, sin duda.

La importancia de la base del relleno ¿Y esto qué significa? Pues muy sencillo, decide si prefieres mayonesa, lactonesa, salsa rosa, tártara, César, hummus, queso fresco batido (para una versión ligera) o crema de aguacate (esta última muy fácil de hacer, tan solo debes chafar la pulpa de un aguacate maduro con una yema cocida, un poco de mayonesa, unas gotas de limón, alguna de tu mezcla de especias favorita, un poquito de sal y pimienta negra) si vas a servir en frío. O bien bechamel o salsa de tomate si tu idea es tomar los huevos como plato caliente.

Atrévete a dar un poquito de lado al atún (es maravilloso, lo sé, a mi me encanta pero en esta receta ya está más visto que el tebeo y hemos quedado en que íbamos a darle otro aire a estos huevos), utiliza; pollo asado o cocinado a la plancha, champiñones portobello (tan finamente troceados que puedas utilizarlos en crudo), dados de manzana o mango con queso azul, espinacas (crudas si eliges salsa en frío o cocidas y escurridas si optas por usar bechamel de base), rúcula (lo mismo que con las hojas de espinacas), carne picada con especias 'tex mex', arroz basmati cocido, salmón, trucha o bacalao ahumados, carne de cangrejo, maíz dulce, apio cortado finamente, hinojo o rábanos, algún encurtido (las alcaparras, aceitunas o pepinillos aquí funcionan de vicio) etc.

Una vez hayas elegido los ingredientes trocea y mezcla en un cuenco —ayudándote con un tenedor para machacarlo y que los ingredientes se integren sin problema— con parte de las yemas cocidas y el ingrediente base que hayas decidido o pon en un procesador o batidora y tritura hasta conseguir una crema más lisa y homogénea —que después meterás en una manga pastelera para rellenar con ella—.

Entre todos todos los ingredientes que te describo arriba tienes combinaciones imbatibles en sabor. Ahora tan solo te queda elegir la decoración y si sustituyes el huevo rallado por trocitos de frutos secos (prueba con anacardos, nueces o pistachos), semillas de girasol o calabaza tostadas, granos de granada (un toque fresco y 'crunch' que me encanta), cebolla frita crujiente (de la de los perritos de Ikea, sí jajajaja) o lo que a ti se te ocurra.

Espolvorea una pizca de pimentón de la Vera (dulce o picante, según los gustos de tu público), o curry si has usado pollo y manzana, o comino si llevan la carne picada tex-mex, o cardamomo o nuez moscada para la bechamel, o pimienta de Jamaica o garam masala o...¡Lo que tu prefieras!

Sirve fríos —no te dé corte meterlos un rato a la nevera antes de llevarlos a la mesa— o gratina unos minutos en caso de te hayas decantado por la cremosa y siempre exitosa bechamel.

En definitiva, innova, crea y disfruta, pero sin olvidar que si mezclas atún con salsa de tomate y mayonesa, estarás preparando —otra vez— unos fabulosos —y clásicos— 'Mimosa' sin apenas darte cuenta.


Cómo hacer una buena salsa de tomate. Receta de tomate frito casero


La salsa de tomate o tomate frito es probablemente una de las salsas básicas más conocidas en buena parte del mundo. Utilizada en infinidad de recetas, en algunas incluso como protagonista indiscutible, es muy fácil de hacer y su resultado (sobre todo si sigues una serie de sencillos consejos) nunca decepciona.




Pero ¿Cómo se hace una buena salsa de tomate? ¿Qué ingredientes debe llevar? o ¿Cuánto tiempo debo cocinarla? Puede que sean algunas de las preguntas que ahora mismo estés haciéndote si es la primera vez que te dispones a sacarle todo el jugo a unos tomates.
En este post intentaré ayudarte a despejar dudas y convencerte de que hacer tomate todas las semanas (y conservarlo en la nevera para tenerlo a mano siempre que lo necesites) es una interesante opción.

Para preparar una buena salsa de tomate básica tan solo necesitarás; 1 kg de tomates maduros (si son variedad pera mejor que mejor) o un bote o lata grande de tomate natural en conserva (que sea de buena calidad, de una marca de tu total confianza, eso sí), 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 3 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra, una pizca de sal y si la acidez de los tomates es elevada una pizca de azúcar para equilibrar el sabor.
Elaboración: Lava y trocea los tomate, hay quien los ralla para eliminar ya desde el inicio la piel, reserva en un cuenco. Pon un chorro generoso de aceite de oliva en una olla o sartén alta (mejor si solo la utilizas para este menester), calienta y añade la cebolla en juliana y el ajo laminado, sofríe hasta que comiencen a tomar color. Incorpora el tomate (y todos los jugos que haya soltado en el cuenco), continua sofriendo, añade la sal, comprueba si necesitas añadir una pizca de azúcar para equilibrar la acidez.
Cocina a fuego suave y destapado durante al menos 45 minutos, puede que te parezca demasiado tiempo pero de verdad que merece la pena el esfuerzo.
A partir de los 30 ó 35 minutos comenzarás a ver como el tomate cambia de color, debido a la caramelización de los azúcares naturales que contiene. Como va espesando al evaporarse la mayor parte del líquido de vegetación. Y como su olor comienza a cambiar pasando de "crudo" a un irresistible aroma que invita a ir cociendo pasta para prepararse un buen plato de espagueti.




Añade sabor sumando laurel, orégano o albahaca a la lista de ingredientes de tu salsa de tomate.
El laurel funciona genial si vas a usar este tomate frito en platos de pescado o marisco, y el orégano y la albahaca son imprescindibles si lo que quieres es prepararte un auténtico plato de pasta italiana.
El pimiento verde o rojo tampoco sienta nada mal a esta salsa, mucha gente lo añade. Te recomiendo hacerlo si vas a preparar un plato de verduras o pollo.
Agrega zanahoria en lugar de azúcar si prefieres corregir la acidez natural de los tomates de una manera más "natural".
Además, puedes añadir pimienta negra o incluso una pizca de cayena si te apetece "alegrar" la receta.
Elige el comino si tu salsa va destina a un plato de cocina mejicana, y no temas añadirle también cilantro fresco picado finamente para dar un toque de sabor y frescor ¡Queda delicioso!


¿Cómo lo conservo?
Ponlo en un bote o Tupper con tapa y guárdalo en el frigorífico, aguantará sin problema al menos 3 días.

¿Puedo congelar el tomate?
¡Claro que puedes! Es más, debes hacerlo para tener siempre salsa de tomate casera a mano.
Te aconsejo hacer porciones, en pequeños tupper o bolsas de congelado, para después tener listas las raciones que necesites.
Cuando lo vayas a usar, si es con tiempo sácalo del congelador y déjalo en el frigorífico hasta que se descongele, si por el contrario tienes prisa, mételo directamente al microondas y programa la función descongelado.


En definitiva, pierde el miedo a hacer tomate frito casero, es una sana opción que prácticamente se cocina sola.


¡Espero que te guste!

Fuente de la receta: propia.


Pasta de ajo y jengibre. Receta para cocina india y oriental


Hoy incluimos un nuevo elemento en nuestro "fondo de armario", una combinación excepcional de 2 productos fascinantes, tanto por sus cualidades [ambos destacan por la lista de beneficios para la salud que se les atribuye; analgésicos, anti-cancerígenos y anti-inflamatorios entre otros] como por su inconfundible y delicioso aroma y sabor.

La pasta de ajo y jengibre es un ingrediente muy utilizado tanto en la gastronomía india como en la oriental. Resulta fundamental como base de sofritos en innumerables guisos, aunque también se usa en crudo para rematar algunos platos. Si te gusta su sabor, seguro que encontrarás mil opciones donde incluirlo. 

Puede que encuentres la pasta de ajo y jengibre ya preparada en supermercados especializados, pero yo sin duda te recomiendo hacerla en casa. Su preparación es tan fácil que no te llevará más de un par de minutos.




Para comenzar a utilizar nuestra pasta de ajo y jengibre os dejo una idea (además 100% vegetal) que probamos ayer y nos encantó; tan solo necesitarás un brócoli separado en arbolitos y cocido al vapor, 2 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra, 1/2 cebolla cortada en pluma, una cucharadita de postre de pasta de ajo y jengibre, una cucharada colmada de curry en polvo y un poquito de agua.
Pon en la sartén el aceite, saltea la cebolla, añade la pasta de ajo y jengibre y cocina unos 5 minutos. Incorpora el curry, mezcla y añade el agua. Cocina a fuego medio-fuerte durante otros 6 minutos más. Añade el brócoli, mezcla cuidadosamente para no machacarlo, cocina 2 minutos más y retira del fuego ¡Queda riquísimo! Con un ligero toque picante que le imprime un carácter único.
Te lo recomiendo.



INGREDIENTES

· 130 gr de ajo
· 130 gr de jengibre fresco
· 1 ó 2 cucharadas de agua

(por supuesto puedes hacer más o menos cantidad de pasta de ajo y jengibre dependiendo de tus necesidades)


ELABORACIÓN


1. Pela los dientes de ajo y el jengibre.

2. Pon en un robot de cocina y tritura junto al agua o ralla y mezcla en un cuenco con un poquito de agua hasta formar una pasta homogénea.

3. Coloca la pasta en un bote con tapa [yo he usado uno de mermelada] y guarda en el frigorífico [te recomiendo usarlo en un plazo de 2 ó 3 días] o pon porciones en una cubitera pequeña y congela para que se conserve perfecto durante un periodo de tiempo más largo. Así siempre tendrás pasta de ajo y jengibre a mano y lista para usar en cualquier momento.






¡ESPERO QUE TE GUSTE!

Fuente de la receta: propia.


Jengibre confitado


El jengibre confitado es fácil de hacer y te sorprenderá cuando lo pruebes, resulta muy interesante como ingrediente en repostería o en postres en general (a las galletas, helados, bizcochos, roscones de reyes etc los sienta de cine) o simplemente para ofrecer como "gominolas" cuando preparamos unas copas en casa o junto con un trozo de chocolate negro cuando te apetece darte un exótico capricho.





Lee con atención esta receta, el proceso de elaboración del jengibre confitado es muy sencillo pero requiere varios pasos que son importantes para conseguir suavizar el potente sabor de esta deliciosa raíz. Vamos a ello ¿Te parece? Necesitaremos,



INGREDIENTES

· 350 gr de jengibre fresco
· 500 gr de azúcar blanca
· 1 litro de agua
· 4 cucharadas soperas de zumo de limón
· Pimienta de Sichuan
· 1 vaina de vainilla
· 2 estrellas de anís

- Más azúcar para rebozar el jengibre una vez confitado



ELABORACIÓN


1. Pela y trocea en pequeños dados el jengibre.
Con un pelador lo harás de maravilla, también puedes probar con una cuchara de postre, resulta práctico cuando los rizomas tienen muchos recovecos.

2. Pon los trozos en un cuenco, cubre con agua y deja a remojo durante una hora.

3. Desecha el agua, pon el jengibre en un cazo, cubre con agua de nuevo, lleva a ebullición y mantén al fuego durante 4 minutos. Repite esta operación 4 veces.

4. Mientras llevas este proceso a cabo puedes preparar el almibar, es fácil: pon en un cazo el azúcar y el agua, lleva a ebullición, mezcla bien e incorpora el resto de ingredientes (zumo de limón, pimienta, vainilla*, anises).
Mantén a fuego medio.

5. Cuando hayas terminado de cocer el jengibre elimina el agua y pon los trozos dentro del almibar que tienes al fuego.

6. Cocina (con la tapa cubriendo las 3/4 partes del cazo) manteniendo un hervor suave en todo momento, durante una hora y media o dos horas (o hasta que comprobéis que está listo).

7. Retira el almibar del fuego y deja reposar para que pierda temperatura. Vierte en un recipiente con tapa y guarda en la nevera durante toda una noche.

8. Al día siguiente saca los trozos de jengibre del almibar, coloca sobre una rejilla, lámina de silicona o papel de horno para que escurran bien y cuando están "secos" cubre con azúcar para conseguir el efecto "gominola" que ves en la imagen.

9. Guarda en tarros herméticos y disfruta. Se mantendrá perfecto durante meses, si es que dura tanto, cosa que dudo porque está de vicio jajajajajaja.

¡Ay, lo olvidaba! NO tires el almibar, ponlo en un un bote bonito y guarda en la nevera, te servirá para añadir a un montón de postres o simplemente para endulzar y darle un delicioso toque a una infusión.


*debes abrir la vaina de vainilla de manera longitudinal y rascar con la parte contraria del filo de un chuchillo las semillas de su interior.


¡ESPERO QUE OS GUSTE!


Fuente de la receta: propia.



Truco para enfriar cervezas (o refrescos) mucho más rápido


La cerveza de tus sueños, esa de tu marca favorita, bien fría o casi helada [como debe ser]
Con espuma o sin espuma, como tú prefieras [a mi sin ella, por favor].
En la mejor terraza del mundo [la de tu casa], en tu jardín o en el de tu amigo Manuel, en el camping o en la finca de tus suegros. Dónde y cómo sea pero siempre en buena compañía y fría.

Fría, muy fría, de esa inhóspita y caliente estantería del supermercado a tu copa helada en menos de media hora (menos de 5 minutos si lo que quieres es enfriar una sola lata)
¿Eso es posible? Sí, es posible con este truco para enfriar cervezas o refrescos más rápido que hoy os cuento.





Un truco la mar de tonto [que jamás hubiera publicado porque creí que todo el mundo conocía hasta que al hacerlo con unos amigos observe el "ojiplatismo" generalizado] pero que te sacará de muchos apuros cuando te surja un imprevisto doméstico, llámalo; barbacoas organizadas en el último momento, cenas que surgen así de repente o un simple "que bien me beben mis amigos" jajajajaja.

Pero no solo utilizarás este truco cuando la sed apriete y la prisa te embargue, también resulta chulo [y práctico] para colocar en una mesa auxiliar, al lado de donde estéis comiendo, y que tus invitados gocen de total libertad para coger una cerveza o un refresco bien frío en el momento que les apetezca.


Únicamente necesitas:

· Cervezas o el tipo de refresco que deseéis 
· 1 cubo o cubitera, un cuenco amplio (yo he usado un bowl grande de acero inoxidable de Ikea) o una nevera de playa 
· Abundante hielo
· Un poco de agua
· Sal 
· 30 minutos (tan solo 5 si el único sediento eres tú)

Pones las cervezas dentro del cubo, cuenco o nevera portátil del que dispongas, rellenas los huecos de hielo (sin escatimar), añades un poco (muy poco) de agua y rematas con un par de generosos puñados de sal (yo he usado gruesa).
Mezclas y esperas.
Si quieres enfriar entre 6 y 8 cervezas deberás esperar unos 30 minutos, lógicamente cuantas menos cervezas pongas a la vez antes lograrás que alcancen la temperatura soñada.
Si lo que pretendes en enfriar tan solo 1 lata estará a una temperatura más que aceptable en menos de 5 minutos.

Una última cosa, cuando digo "frío" me refiero a "casi helado", por lo que si no tienes complejo de esquimal [yo sí] es probable que necesites mucho menos de 30 minutos para tomarte una cerveza o una lata de tu refresco preferido a la temperatura que consideras aceptable.

Los más espabilados estaréis pensando "Pero si yo meto las cervecitas en el congelador y las enfrío en mucho menos tiempo, anda déjate de experimentos" mientras os dirigís a la cocina y al abrir la puerta del mismo observáis con estupor que está lleno de bolsas de espinacas, nuggets como para alimentar a cientos de personas durante una apocalipsis nuclear y guisantes rodando de un lado a otro como en un frenético y diabólico baile cuyo único fin es sacarte de tus casillas.


¡DE VERDAD, PRUÉBALO Y ME CUENTAS!